Estás viviendo la Era del Narcisismo: en busca de los ‘likes’

Autoconomiento

Hace años que vivimos en una era de la imagen y el postureo, potenciada hasta nuevos límites con internet, los smartphone o las redes sociales. Hoy en día vale todo para tener ‘followers’ y recibir cuantos más ‘likes’ mejor. Lo que observamos de fondo es una necesidad creciente de validación externa, a menudo vinculada a un sentido de valía personal en desarrollo.

Buscamos afuera que nos den el reconocimiento y la valía que nos somos capaces de darnos, y en última instancia, la ansiada aprobación y AMOR. Esta dinámica social intensifica conductas como el uso excesivo del móvil, el FOMO (miedo a quedarse fuera) o la sobreexposición. Además, contribuye a la aparición de malestares emocionales, preocupación excesiva por la imagen, la dependencia y un incremento en los niveles de frustración o la sensación de vacío.

¿Vives enganchado al móvil subiendo historias? ¿Qué estrategias aplicas para encontrar la satisfacción más allá del reconocimiento digital? ¿Eres consciente de la frustración que te generan las redes sociales? ¿Qué recursos empleas para manejar tu autoestima?

Transcripción del vídeo

Seguro que ya sabes o has oído hablar de que estamos viviendo la época del narcisismo.

Todo esto viene porque tenemos una autoestima que en el fondo está profundamente dañada, una autoestima carente que busca recibir aprobación del mundo exterior desde nuestra parte neurótica.

Ya que dentro de nosotros mismos no somos capaces de darnos esa validación, estamos abocados a buscar afuera esa aprobación para intentar sentirnos un poquito mejor.

Desde hace quince años, Internet, las redes sociales y los smartphones han favorecido y potenciado todavía más esta era del narcisismo.

Ahora ya no importa que tú vivas experiencias; lo que realmente importa es que el mundo sepa que las has vivido.

A través de las redes sociales y de esa persecución constante de los "me gusta", los likes y los seguidores, se pretende obtener pequeñas dosis de recompensas que aparentemente llenan el vacío con reconocimiento.

En el fondo, estas recompensas no son consistentes ni te hacen sentir realmente bien contigo mismo, lo que provoca que la conducta se repita constantemente.

Se genera una persecución de likes publicando nuevos contenidos, vídeos y fotos con el único fin de ser visto por los demás.

Anteriormente, en un concierto, todo el mundo estaba viendo al cantante o al grupo; sin embargo, ahora es común ver a la gente grabando con el móvil en lugar de disfrutar el momento.

Se prioriza subir el contenido a la red social para recibir aprobación antes que vivir la experiencia presente.

Lo mismo sucede al comer en un restaurante: ya no importa el sabor o la compañía, sino que el mundo sepa dónde has estado mediante la fotografía de un plato maravilloso.

Incluso ante fenómenos naturales como las auroras boreales, lo que importa es que el mundo te vea a ti allí y recibir la validación externa.

Esta búsqueda de reconocimiento está totalmente implantada en nuestras vidas e intenta llenar la autoestima validando nuestra existencia a través de otros.

La trampa es que, además de perdernos la experiencia por estar pendientes de mostrarla, empezamos a creer que lo que hacemos es más válido cuantos más seguidores tenemos.

Por otro lado, existe la contrapartida del espectador que consume ese "scroll" infinito de contenidos ajenos.

Al ver lo maravillosas que son las vidas de los demás —lo que comen, la ropa que visten y los lugares que visitan— mientras tú estás sentado en el sofá, surge una comparativa inevitable.

En esa comparación sistemática siempre sales perdiendo, porque tú no estás teniendo esa experiencia idealizada en ese momento.

Este sentimiento provoca una sensación de vacío y una frustración profunda que resulta muy incómoda de gestionar.

En lugar de hacernos cargo de esa frustración para cambiar nuestra realidad, solemos proyectarla hacia afuera.

Es aquí donde aparecen los "haters": personas enfadadas que expresan su odio en plataformas como Twitter o Facebook para deshacerse de su malestar.

Esta es una manera de evitar la auténtica responsabilidad de levantarse del sofá y hacer algo para mejorar la propia vida.

Es una perspectiva desesperanzadora, especialmente por el gran impacto que tiene en la gente joven.

No debemos olvidar que el modelo de negocio de estas aplicaciones es mantenernos enganchados, ya sea generando o consumiendo contenido.

Estamos enganchados a una manera de existir que potencia el narcisismo, donde la importancia personal depende exclusivamente de la valoración externa.

Estas plataformas alimentan el ego con dopamina a través de microrrecompensas intermitentes, funcionando de forma similar a una máquina tragaperras.

Este mismo mecanismo se aplica a las aplicaciones de citas, donde el modelo de negocio intenta atraparnos en una idealización de las relaciones y la vida.

Incluso hemos llegado a un punto donde calificamos y puntuamos a las personas y sus vínculos afectivos como si fueran productos en una plataforma de reseñas.

El narcisismo se manifiesta al creer que nuestra puntuación o pensamiento es fundamental, buscando que el mundo nos señale como valiosos.

Antiguamente, la fama era algo esporádico y limitado; hoy, Internet ha democratizado la exposición pública buscando generar cualquier tipo de reacción.

Es alarmante ver cómo se graban agresiones o accidentes sin intervenir, solo para subir el vídeo y obtener reacciones a base del sufrimiento ajeno.

Existe una insensibilización creciente donde parece que "todo vale" por un momento de reconocimiento o fama.

Incluso quienes generamos contenido participamos de este sistema, lidiando entre el deseo de compartir información y la búsqueda de validación.

Estos formatos, lejos de fortalecer nuestra autoestima, suelen debilitarla al fomentar la comparación constante.

Se produce una confusión enorme entre querer hacer algo de verdad por uno mismo o hacerlo por el reconocimiento posterior que obtendremos en Instagram.

Esta dinámica hace que perdamos nuestra brújula interna de conciencia y sabiduría, desajustando nuestro rumbo vital.

Convertimos nuestra vida en un escaparate, atendiendo más a la imagen estética que a las sensaciones internas o a la conexión real con los demás.

La pérdida de sentido vital es una consecuencia directa de esta época de narcisismo y hedonismo acentuada desde la pandemia.

La búsqueda del placer inmediato y la desconexión de nuestro centro nos aleja de quiénes somos realmente.

Una de las soluciones clave es minimizar el tiempo que pasamos en estas plataformas y recordar que tenemos el poder de elegir.

Somos creadores de nuestro tiempo y podemos decidir no ser víctimas de este sistema de reconocimiento constante.

Es fundamental encontrar una validación propia en nuestras decisiones sin la necesidad de mostrar cada momento al mundo exterior.

Vivir las experiencias por y para uno mismo es posiblemente el paso más importante para recuperar el bienestar.

Existen modalidades como el "Ecstatic Dance" donde se prohíben los móviles para garantizar que la experiencia sea puramente personal y presente.

Potenciar actividades donde no hay público ni grabaciones ayuda a reconectar con el deseo genuino de hacer las cosas por placer propio.

Reconocer nuestra propia participación en esta cultura de la imagen es el primer paso para cambiar la relación que tenemos con las redes sociales.

Si este análisis te ha hecho reflexionar sobre qué quieres cambiar en tu vida, te invito a considerar cómo gestionas tu presencia en este mundo digital.

Este contenido es para fines informativos y de bienestar. No sustituye el diagnóstico, tratamiento o consejo de un profesional sanitario (médico, psicólogo, sexólogo). Consulte siempre a un especialista para temas de salud.

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